Esperar a «ver si se le pasa» en los primeros años cierra la ventana donde la intervención es más eficiente. No queremos crear ansiedad innecesaria — queremos que tenga la oportunidad de descartar o intervenir mientras el cerebro tiene mayor plasticidad.
Observación dinámica con el bebé/niño/a. Los padres son co-evaluadores: ustedes conocen los detalles de las rutinas que nosotras necesitamos.
30–45 minutos con metas específicas. El niño aprende, los padres se entrenan, y la rutina diaria refuerza.
Evaluamos progreso cada 2–3 meses. Si los hitos se alcanzan, damos de alta. Si no, ajustamos plan.
Una evaluación inicial puede confirmar que todo va bien o detectar algo que tiene mejor pronóstico atendido temprano.